fORO MAYA PENINSULAR DE YUCATAN Y QUINTANA ROO
POR UN MEXICO JUSTO E INCLUYENTE

 

RECONSTITUCIÓN INTEGRAL DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS DE MÉXICO »

 

 

Por Guillermo May Correa. »

 

 

Introducción y contexto.

 

El 17 de noviembre  de 1983, se fundo en el estado de Chiapas, la fuerza político-militar que organizo y condujo, 10 años después, el levantamiento Armado del 1º de enero de 1994: el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Miles de indígenas Tzotziles, Tojolabales, Tzentales, Mames-, el Comité Clandestino Revolucionario Indígena, Comandancia General del EZLN (CCRI-CG del EZLN) y el Subcomandante Marcos, cortaron los planes imperialistas del gobierno neoliberal de Carlos Salinas de Gortari y abrieron un nuevo periodo de lucha que aun continua. La aparición del EZLN,  y su  actividad pacifista posterior, modificó la discusión sobre los Pueblos  indígenas, y su Autonomía como“sujetos” de Derecho,  en  los términos rígidos y esquemáticos en que éstas se venían dando.

 

En  los últimos 24 años, los cambios Constitucionales que los sucesivos gobiernos neoliberales han hecho, marcharon contrarios a los intereses de la Nación; el PRI, con Miguel  De la Madrid, Carlos Salinas, y Ernesto Zedillo, y  PAN, con Vicente Fox, quien concretizo  la contrarreforma indígena, en el 2001. Las consecuencias de estos cambios legislativos han sido desastrosos para la mayoría de los mexicanos, que se han visto despojados de sus derechos primarios y fundamentales, así, como  para la Nación,  menguada  su Soberanía.

 

La  situación nacional guarda estrecha relación con las dinámicas dominantes de carácter internacional, no solamente en el orden económico y cultural, sino particularmente en el orden político y militar.  La supremacía que el gobierno y la economía estadounidense imponen a México, esta íntimamente ligada al despliegue de mecanismos políticos y financieros que consoliden sus  intereses de explotadores, con las nuevas guerras intervensionistas, hoy llamadas de “combate al terrorismo”, haciendo más visible la imposición de esta hegemonía y originando, que el Estado Mexicano y sus instituciones estén  en crisis. Para los pueblos indios, esta política de Estado, ha tenido efectos combinados como son: mayor racismo, pobreza, explotación, baja condición social, ausencia de poder, negación de la ideología propia, así como el conjunto de todos estos factores actuando en el ámbito psicológico. Con el neoliberalismo globalizado, se impone la hegemonía del capital imperial como fuerza incontenible que tiende a homogenizar de manera integral, valores, costumbres, sistemas económicos, formas de comunicación, tecnologías y concepciones del mundo, en las que las corporaciones trasnacionales juegan el papel principal, y conjuntamente con el gobierno en turno, sea del partido que fuera, imponen este proceso a indígenas y no indígenas. Por ello, la Reconstitución Integral de nuestros pueblos, en un marco Constitucional de Libre Determinación y Autonomía, conforme a  los Acuerdos de San Andrés Sacanch­en de los Pobres, firmados el 16 de febrero de 1996 entre el EZLN y el gobierno,  es el entorno inmediato de  esta lucha.

 

 

Nuestro instrumento para este periodo de lucha, es el Congreso Nacional Indígena (CNI), que nació el 12 de octubre de 1996, estando presente la Comandanta Ramona, integrante del CCRI-CG del EZLN. Es nuestro espacio interior como Pueblos indígenas, es la Casa de todos; es el lugar de nuestra Identidad que reúne y unifica nuestras culturas que componen  la matriz de nuestro origen. Esta representado por los conocedores y creadores que son nuestros abuelos.  Además, en cada pueblo, comunidad y lugar, la acción y dinámica de ellos, refleja la de todos, como pueblos que somos. La presencia y continuidad de los herederos del alto conocimiento, es una de las bases fundamentales sobre la que descansa el pensamiento de los pueblos indígenas de México.

Esto es, son los ancianos  y curadores -no curanderos-, los de mayor respeto, porque su tarea no es solo curar el cuerpo, sino sanar y fortificar el pensamiento,  el alma y el espíritu; Entendiendo cuerpo, pensamiento, alma y espíritu como lo que es: un Universo. Por ello, nuestras expresiones y acciones, en lo social y lo político y lo cultural, se alimentan de todo este pensamiento, como lo demuestra la historia de todas nuestras rebeliones.

 

Defendemos la madre naturaleza como un todo, defendemos la madre tierra, como un cuerpo que da y conserva vida; preservamos un pensamiento como conciencia colectiva, que permite engrandecer el alma y el espíritu, como el corazón de nuestro pueblo.

 

Esto nos ha permitido resistir, y continuar la lucha contra la  infamia de la conquista y la colonia; la Independencia, la Reforma y aún el México contemporáneo. Que han sido y son,  los momentos en el que, se sentaron las bases de la explotación y opresión,  que aun se sufre en nuestro tiempo en forma de imperialismo. La memoria histórica de nuestros pueblos indigenas, registra que han experimentado y resistido tres tipos de invasiones: la militar, la religiosa y la jurídica, y en todas a sido necesario buscar y distinguir las estructuras que sirvieron y sirven para engendrar el colonialismo y neocolonialismo de nuestros días. Hemos resistido, la base de esta resistencia, es nuestra Identidad; reflejada ésta, en lo palpable y en lo imaginario de nuestros saberes tradicionales y en nuestras  tierras y territorios, que son nuestros espacios de reproducción y fortalecimiento de esta identidad. Por eso, la vida colectiva y comunal,  ha sido siempre  el valor que  orienta, para el mantenimiento y conservación de la armonía, tanto en el mundo visible como en el invisible, emprendiendo siempre la tarea de CREER, CREAR Y HACER.

 

Para nosotros,  el maíz, el agua,  la tierra, el aire, la diversidad de formas de vida, los saberes tradicionales y el territorio en su conjunto, son sagrados y  es un derecho histórico de nuestros pueblos, siendo todo esto, parte fundamental de nuestra Autonomía, nacida de la costumbre originaria ancestral.

 

Un ejemplo, es: siendo  la  forma numérica parte importante de la ideología indígena Maya, el número cero, en el pensamiento de este pueblo -a diferencia del occidental en que no es nada- aquí, es el principio de todo, y por esta razón se moldeo como una semilla, o como un caracol; indicando el origen de  nuestra cultura, de manera  ascendente, o sea,  de abajo hacia arriba. Esto demuestra que hay muchas cosas que los ojos y el pensamiento de los no indígenas no ven, y no entienden, por lo tanto no son común para ellos.

El mundo indígena y su pensamiento se refugian en una serie de prácticas,  conocimientos, y conductas tradicionales, que siguen siendo la única posibilidad de recrear y mantener un ultimo ámbito social-religioso y político, exclusivo y colocado fuera del alcance de otros sectores que ven en él, solo expresiones de un regionalismo “folclorizado”, que debe ser “modernizado”.

Ante esto, centrar la conciencia colectiva, reuniendo y reunificando lo disperso, para darle la organicidad requerida que permita defenderla de amenazas externas a ella, a manera cultura de resistencia, sigue siendo la tarea de hoy; pero ésta, es necesario darla ahora en el espacio nacional e internacional, con otras culturas hermanas, en el terreno de la Reconstitución Integral de nuestros pueblos en un marco Constitucional de Libre Determinación y Autonomía a partir de los Acuerdos de San Andrés.

¿Por qué?  Porque si la observación profunda de lo pasado, nos ha permitido desnudar las directrices subterráneas de la vida no indígena, hoy podemos afirmar con certeza, que el nuevo uso de la tierra y los territorios, dentro de la nueva configuración internacional del capital neoliberal globalizado, esta llevando acabo una nueva colonización y reparto territorial del mundo, principalmente de las regiones que antes eran para ellos de menor importancia; y en estas tierras y territorios, se encuentran asentadas nuestras comunidades,  como pueblos indígenas que somos.  Y hoy,  este es el mayor peligro, para nuestra existencia.

 

Identidad y clase social

 

Como pueblos indios, el despojó y la explotación, nos identifica con un amplio conjunto social, en el que se funden estratos y categorías diversas de trabajadoras y trabajadores del campo y de la ciudad, gente con trabajo fijo y sin él, mujeres sometidas a la doble jornada de trabajo, niños que aún no han alcanzado la edad para el trabajo y ya lo hacen, y ancianos que han abandonado la actividad laboral.

 

En este entendimiento, es necesario considerar que la identidad de clase y la identidad indígena no son representaciones excluyentes, sino complementarios, pues resulta casi innecesario enfatizar que las relaciones intercomunicarías  son generalmente relaciones de clase y que la posición de clase de un pueblo indígena, podría condicionar también las representaciones ideológicas de su identidad social.

 

Si asumimos que el ser social determina la conciencia, advertimos que se puede ser campesino e indígena, obrero e indígena, profesional e indígena; un termino no reemplaza al otro, ya que los seres humanos podemos tener no una sino varias identidades sociales.

 

Pertenecer a una clase no excluye pertenecer a un pueblo indígena. La cuestión, en lo que corresponde a una posición de clase, se halla en cual de nuestras identidades, resultara totalizadora en un momento dado, es decir, cual actuara como una lealtad primordial que condicione las conductas políticas y sociales.

 

Lo indígena  puede conjugar asi, intereses objetivos, con redes afectivas; considerar que la adscripción genérica a una clase, supone una construcción ideológica, de un cierto nivel de abstracción; en cambio la procedencia a un pueblo indígena, es vivida en forma inmediata, con un contenido de conciencia, de alto valor emocional.

 

El perfeccionamiento de las respectivas conductas y desempeños políticos, permitirá advertir uno de los niveles de distinción, entre una identidad de clase y una identidad indígena. Tanto clases como pueblos indígenas, manifiestan su carácter relacional en la medida en que requieren de otras clases o pueblos para definirse en cuanto tales.

La diferencia es también, que una clase subalterna, para realizarse políticamente, deberá clausurar sus mismas condiciones de existencia social, suprimiendo las fronteras  que la separa de la otra clase. En cambio, los pueblos indígenas  que se asuman como proyecto político, deberán mantener a toda costa, los limites que los separan de otras componentes sociales, como condición necesaria, para su propia existencia. En esta liga de identidad cultural y clase social, es fundamental considerar al socialismo, como la alternativa posible y deseable, en la necesidad de transformar el mundo, para que abracen muchos mundos.

 

 

Conclusiones y propuestas

 

Los pueblos indígenas no somos indigentes, como consecuencia de la violencia material, espiritual y simbólica, que se ha ejecutado históricamente, sobre nosotros, al aplicarse un modelo ideológico definido –indigenismo de Estado-, tuvo como resultado que seamos mirados y definidos, no por estar presentes, sino por las  carencias que cargamos, somos: los despojados, los ignorantes, los sin derechos, los sin salud, los rechazados etc. Esto es cierto, sin embargo, las sociedades humanas no pueden ser definidas por sus ausencias sino por sus presencias, y los pueblos indígenas estamos también ordenados por altas y complejas presencias culturales, tanto material como simbólicas y espiritualmente. El hecho real, es que los Pueblos Indios, somos portadores y reproductores de acumulaciones filosóficas, políticas, tecnológicas y en general de una multitud de “hechos de civilización”. Por lo tanto, la dinámica bajo formas culturales, sujetas a reelaboraciones constantes, pone de manifiesto que la dimensión civilizatoria de lo indígena, no remite solo a experiencias del pasado, sino también a la construcción del futuro.

La Autonomía, como primer piso hacia la Reconstitución Integral de nuestros Pueblos, proyecto  de los de abajo, es un proceso indudablemente elemental, que propone un modo alternativo de vida; porque florece en la resistencia y  en el impulso de experiencias autonómicas  de autogobierno, como nuevas formas de poder. Por distintos caminos, diferentes niveles, modos y maneras.

Además de los Caracoles zapatistas de Montes Azules y la Lacandona, en Chiapas, están los Municipios Autónomos Amuzgos de Xochistlahuaca,  Tlapanecos de San Luis Acatlan y del Alto Balsas, en el estado de Guerrero; Mayas Peninsulares, de Yucatán y Quintana Roo; Mixes y Zapotecos de Oaxaca; Otomíes de Puebla; Wixaricas de Jalisco, Durango y Nayarit; el Caracol Zapatista “Erupción de Rebeldía en el Lago Azul de Zirahuen, Junta de Buen Gobierno de Zirahuen y Anexas del Municipio Autónomo en el estado de Michoacán; si como  Totonacas, Chinantecos, Mixtecos, Mayos, Raramuris, entre otros, que con distintas formas y niveles llevan a cabo, este proceso de Autonomía. Con esto, habremos de seguir dando vida a nuestros pueblos y pondremos un alto a los elementos del neoliberalismo que quieren exterminarnos,  en su nuevo reparto del mundo.

 

En este sentido, la lucha por la Autonomía Indígena en México,  no solo es de orden económico, político, social y cultural, sino todos al mismo tiempo. Por lo tanto, es también de dignidad, de derecho a ser reconocidos como sujetos sociales, como pueblos, como colectividades que somos. Nos hallamos en un proceso de Universalización de la  lucha por   los derechos de los pueblos indígenas del planeta; proceso vigoroso y sin precedente en la historia moderna del siglo XXI. La importancia social, teórica y política, de la razón de los pueblos indígenas, en Chiapas en lo particular, y de todo  México, así, como  en muchas regiones de América Latina y el mundo, es fundamental, para el destino de la humanidad.

 

Los pueblos indígenas de México vivimos ya nuestro futuro, vive en nuestras mentes y en nuestros corazones; en nuestra capacidad de construir un mundo donde quepan muchos mundos. Cuando el EZLN afirma, en la Sexta Declaración de al Selva Lacandona y “la otra Campaña”: “vamos a seguir luchando por los pueblos indios de México pero ya no solo por ellos ni solo con ellos, sino que por  todos los explotados y desposeídos  de México, con todos ellos y en todo el país”; sintetiza con estas palabras, la nueva etapa de lucha del EZLN y del Congreso Nacional indígena (CNI) éste, como parte fundamental del movimiento indígena nacional, y nos obliga, como pueblos indigenas, a una  necesaria reflexión desde la historia, el territorio y las autonomías, en torno a la Reconstrucción Integral de nuestra Identidad. Entendiendo esto, no en el sentido de restaurar el pasado idealizado, sino más bien, en una construcción dinámica – como ha sido siempre- hacia el futuro de unificación de los pueblos, futuro que para nosotros significa ahora. Nos acerca a  la articulación intracomunitaria, regional y macroregional, de fortalecimiento de la conciencia autonómica; construcción o reconstrucción de formas de organización política, territorial y cultural más amplias y representativas en un nuevo Estado; una nueva sociedad nacional y un nuevo sistema socioeconómico no dominante. Desde luego, esto implica el establecimiento o restablecimiento, o fortalecimiento y desarrollo de formas de propiedad comunal -hoy asediadas por el remolino neoliberal- de asambleas como órgano máximo de poder colectivo y la vigencia del sistema de cargos, el téquio o trabajo colectivo voluntario; la festividad como cohesión sociocultural y el territorio como espacio de relación intima con la naturaleza y de reproducción material y cosmogónica de los pueblos. 

 

Tener a la historia como un elemento descolonizador, de concientización y reforzamiento de nuestras identidades; con base en una perspectiva dinámica que ve a las culturas indígenas en permanente transformación y adaptación, para preservar como distintivo primordial el carácter colectivo de sus instituciones.

 

Y asi, seguir los consejos y enseñanzas del Popol Vuh, lectura sagrada de los abuelos mayas, que dice: “que todos se levanten, que caminen todos, que no haya uno, ni dos, que se quede atrás”, -y añadimos- en la construcción de un mundo con  culturas diversas e identidades múltiples,  y sin clases sociales.

 

En  los mas de 500 años, y últimos doce, los Pueblos Indígenas de México, hemos  aprendido a aprender: es decir, a seguir aprendiendo.

 

Refrendamos: somos pueblos verdaderos, sangre de pueblos verdaderos en nuestra sangre llevamos, en nuestras venas corre la memoria, la dignidad y la sabiduría de nuestros mayores.

 

En nuestra piel llevamos el color de quienes nos dieron vida, de quienes nos trajeron al mundo; en nuestro corazón llevamos su palabra, palabra verdadera la palabras que nos dio conciencia, la que nos formó razón, la que nuestros pasos acompañan en la montaña, la que nos enseña a escuchar en el adentro de los cantos, de las nubes y los vientos, Tenemos identidad, tenemos lengua, tenemos historia, tenemos cultura, tenemos norma, tenemos tradición, tenemos voluntad.

 

En esta época, más que nunca, nuestras voces han recorrido la tierra desde los últimos rincones de la patria. En estos tiempos se ha escuchado el  latir nuestro corazón en todas las lenguas y en todas las palabras; ahora se ha escuchado ya lo que tantas veces hemos dicho en las plazas, en los montes, en los recintos de los poderes, en los caminos; y el día de hoy, aquí en la UNAM, repetimos:

 

 

¡ NUNCA MAS UN MÉXICO SIN NOSOTROS!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



» Ponencia presentada en el Seminario Internacional Autonomías: nueva relación con el Estado. Realizado del 14 al 17 de marzo del 2006, por la UNAM en la  Cd. de México. 

 

» Integrante del  Foro Maya Peninsular de Yucatán y Quintana Roo. Miembro de la Comisión de Seguimiento del Congreso Nacional Indígena (CNI) en el Grupo de Trabajo de Justicia y Derechos Humanos.

Agregar un comentario

Tu nombre o Ingresar

Tu dirección de correo (no se mostrará)

Mensaje *

© 2020 fORO MAYA PENINSULAR DE YUCATAN Y QUINTANA ROO